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Motivación intrínseca y motivación extrínseca

por José Aguilar Mondéjar

¿Qué es lo que te mueve?

Decía José Antonio Marina que “quien posea la clave de la motivación, poseerá, a su vez, la clave del comportamiento humano”

La motivación es un proceso psicológico adaptativo del individuo, con diferentes dimensiones de estudio de interés para nosotros. La motivación guarda estrecha relación con la emoción. Ambos son procesos activadores e interactúan continuamente, provocando nuestra conducta.

Motivación intrínseca y motivación extrínseca

Hoy nos centraremos en una de las distinciones más habituales que aparecen en los medios, y en especial en el ámbito deportivo, motivación intrínseca y motivación extrínseca.

No hay que confundir estos términos con la dimensión en el estudio de la motivación, interna-externa. Los motivos internos o biológicos, también denominados primarios o innatos, tienen su origen en el propio organismo, son comunes en la mayoría de las especies animales, como el hambre, la sed o el sexo. Los motivos externos o sociales, también llamados secundarios o aprendidos, tienen su origen en el entorno, como el motivo de logro, poder o afiliación.

La motivación intrínseca sería la que nos haría realizar las cosas por la satisfacción de realizarlas. La recompensa es la propia ejecución. Estudiar por el placer de aprender, o entrenar porque disfrutas con la actividad deportiva, serían dos ejemplos. El motivo es la propia actividad, por lo que es fácil mantener el impulso, la acción.

Por su parte, en la motivación extrínseca, el impulso para la acción vendría dado por incentivos externos, ya sean premios o castigos, obtener recompensas o evitar consecuencias adversas por no hacer algo. Con los ejemplos anteriores, estudiar para obtener el aprobado, o un premio por sacar buenas notas, entrenar por los elogios de otras personas o para no engordar, serían muestras de motivación extrínseca, en las que hay mayor riesgo de abandono de la acción.

Tanto si la motivación es intrínseca, como extrínseca, es necesario estar preparados para períodos en los que no funciona, la desmotivación. Los motivos parecen dejar de hacer su efecto impulsor, por cansancio, desconexión, o cualquier otra causa. En esos momentos, es preciso recurrir a la disciplina, o autodisciplina, que es nuestro motor de emergencia, que evitará que nos quedemos parados, que nos dará la continuidad y constancia necesarias para avanzar en todo momento, para alcanzar nuestras metas.

Para mí, toda la motivación es intrínseca, ya que los incentivos externos, para convertirse en verdaderos motivos para la acción, deben ser significativos para el individuo. Si no te motiva especialmente ganar dinero, no tendrá mucha fuerza para ti los premios monetarios. Si, por el contrario, es uno de tus principales objetivos en la vida, será un placer conseguirlo y, por tanto, un potente motor para el movimiento.

Y es que, toda la motivación es automotivación, de lo contrario no habría acción. Por mucho que nos animen, nos aplaudan, y quieran tirar de nosotros, la acción ha de partir de uno mismo. Aunque, evidentemente, esos “soplidos” externos, ayudan mucho, como a los deportistas cuando sienten el apoyo de la grada, que les impulsa a obtener resultados espectaculares. Y es que hacen más consciente lo que te mueve, tus motivos, ya sea reconocimiento, satisfacción, obtener un premio, lograr una meta, o huir de un castigo o evitar desagradar a alguien. O añaden motivos a los que ya tienes, por ejemplo, el motivo de logro o el de reconocimiento.

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