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La “acción” durante la “no-acción”

por Editorial

COVID-19 y desescalada

Cuenta una antigua profecía, atribuida al viejo Chan el Orate, que “en tiempos de pueblos confiados al desarrollo económico y control de la naturaleza, seres diminutos obligarán a las personas a recluirse y cambiar. Aquellos que se instalen en la lamentación, en la queja y la negación, sufrirán por largo tiempo y no se recuperarán. Mas los que fluyan con el cambio, reflexionen y se instalen en la acción, crecerán y volverán a la dicha. El tronco en la hoguera, se quema y consume. Pero si rueda fuera del fuego, las heridas quemadas protegerán de futuros incendios.” Lo curioso es que el viejo Chan el Orate no creía en profecías, sino que leía y creaba oportunidades. 

Han pasado semanas desde que tuviste que cerrar tu escuela de Artes Marciales, o desde que cerraron la que ibas a entrenar o a enseñar. De repente, un cambio no deseado, y sobre el que no tienes control para modificarlo. Tan sólo tienes margen para gestionar tu actitud ante la nueva situación. Aunque comienza a despejarse el camino de vuelta, la incertidumbre para las Artes Marciales y deportes de combate es muy alta. El escenario aún no está bien definido, ni el cuándo, ni el cómo, y eso no ayuda a planificar o, al menos, a realizar acciones que faciliten el futuro.

No voy a describir las diferentes fases por las que las personas pasan cuando viven cambios no deseados, no es el momento. Prefiero centrarme en lo que llega, en lo que sí podemos hacer. No pretendo tampoco hacer una guía de cómo has de actuar o qué debes hacer. Sólo pretendo reflexionar juntos, y presentar algunas opciones.

Los que me conocen del ámbito de gestión (deportiva, comercial, recursos humanos), seguramente me han oído decir alguna vez lo importante que es alejarse de vez en cuando, del despacho o área de trabajo habitual, para poder ver mejor. En el interior del bosque, los árboles no te dejan contemplar todo el territorio. El buen estratega observa desde la montaña los movimientos de los ejércitos, el propio y el rival, así como los elementos naturales que pueden intervenir. Después baja a liderar el combate con los suyos.

 Por eso me gusta asistir a congresos, charlas o encuentros, a los que voy con varios objetivos. Actualizar conocimientos, reencontrarme con amigos o conocidos, ampliar contactos y amistades, y sobre todo, distanciarme para “respirar mejor”, aprender o tomar conciencia de las cosas que sé, que debería estar aplicando por tanto, pero no es así. 

En algunas empresas, al menos una vez al año, se organizan convenciones fuera de las instalaciones, que deberían permitir estos objetivos: oxigenación, distancia para mejorar visión, análisis y planificación, mayor concentración al evitar las tareas rutinarias y las interrupciones, actualizaciones formativas, relaciones y cohesión grupal, así como identificación con la marca.

Por ello me gusta programar en mi agenda anual, al menos un par de “evasiones” para replantear estrategias. Si quieres probar, seguro que sacarás mucho partido. Puedes hacerlo desde un día suelto, hasta los que te puedas permitir. Sólo o acompañado. Eso sí, debes salir con la actitud adecuada, y con los objetivos claros, para que esta acción obtenga los frutos deseados.

¿Has aprovechado la parada forzosa para reflexionar, replantear, planificar?

Sin duda, uno de los pocos beneficios de esta situación ocasionada por la pandemia del COVID-19, ha sido la disponibilidad de tiempo, y el cambio de escenario, propicios para analizar si lo que haces es lo que quieres y/o como quieres. Y en base a ello, plantear opciones de cambio, de crecimiento. Desde pequeños detalles, a grandes modificaciones, o lo que muchos denominan, “reinvertarse”. 

Si no lo has hecho, es el momento. Comienza por analizar tu situación actual, consecuencia de las acciones y condiciones pasadas. Y sigue por plantear hacia dónde y cómo quieres ir, para planificar las acciones inmediatas y futuras, teniendo en cuenta todas las posibles condiciones, que te llevarán en la dirección que deseas. 

Puedes empezar por preguntarte y responder a varias cuestiones, del tipo:

¿Estoy haciendo lo que me gustaría hacer? ¿Cuál es mi grado de satisfacción? ¿Qué faltaría para que mi satisfacción fuese 10? ¿Estoy consiguiendo lo que me propuse? ¿Qué podría cambiar para obtener mejores resultados? ¿Qué recursos necesitaría para llevar a cabo estos cambios (materiales, formativos, asociativos, etc.)? ¿Necesito a otras personas para conseguirlo? ¿Afecta a otros (familia, amigos, compañeros, empleados) estos cambios? ¿De qué manera? ¿Qué pierdo con estos cambios? ¿Qué gano? ¿Compensa? ¿Realmente lo quiero? ¿Mi grado de compromiso con estas acciones es 10? ¿Qué necesito para que lo sea, si no es así? ¿Qué acciones voy a llevar a cabo a corto y medio plazo (marcando fechas, recursos, tareas, etc.)?

No te quedes en la reflexión mental, escribe y firma tu reflexión y planificación. Esto refuerza el compromiso con la acción. Puedes ayudarte de otras muchas herramientas para análisis y planificación. De alguna de ellas iremos hablando en futuros artículos, desde el famoso análisis D.A.F.O. (F.O.D.A., o S.W.O.T.), las ruedas (de la vida, trabajo, deporte…), el correcto enunciado de objetivos, diferentes modelos de plan de acción (global, Ishikawa o espina de pez, etc.), técnicas de organización del tiempo, etc.

Covid-19

Hoy os dejo un ejercicio de visualización que os puede ayudar. Es una alternativa muy diferente a las herramientas que he citado antes, aunque complementaria. Podría ser un punto de partida, para después analizar y planificar. Si nunca has hecho ejercicios de visualización, no te obsesiones por los resultados, déjate llevar, puede que la primera vez te resulte sencillo, o que no consigas “ver”, “oír” o “sentir” nada. Lo importante es aprovechar el estado de relajación para que, si no hay visualización, al menos, la reflexión sea más productiva. 

El ejercicio es un salto al futuro, a lo que ocurrirá, dónde y cómo nos veremos. No, no creo que nadie adivine su futuro. El ejercicio permite que aparezcan los deseos de dirección, de metas próximas, con muchos más detalles de los que una simple reflexión nos muestra. Y en muchas ocasiones, sorprende porque no están identificados, o no somos conscientes de estos anhelos. E igualmente, nos invita a pensar sobre las acciones que hay llevar a cabo para llegar a ese estado deseado, las diferentes fases por las que hay que pasar. 

En el final de este artículo tienes un audio con un ejemplo de este ejercicio, que realicé para un equipo. Aunque está hecho con una temporalidad de un año, puedes hacerlo para más tiempo, como tres o cinco años (basta con adaptar el salto temporal en el momento que lo escuches). También puedes reducir algo este periodo, en función de las necesidades del proyecto, o del momento vital que atravieses. Personalmente, no recomiendo hacerlo con proyecciones muy largas, ni muy cortas.

Al finalizar el ejercicio, escribe lo que has visto o reflexionado, tanto sobre la proyección temporal, como de las diferentes etapas o fases al hacer el retroceso. Y después de un tiempo, vuelve a leerlo, para ver donde estás y qué has hecho, para ver lo que difiere a lo que escribiste.

El caso es aprovechar la situación, o crearla. Y sobre todo, no pasar por esos “debería haber…” tan poco productivos. Podemos equivocarnos en nuestro análisis, en nuestras decisiones, o errar en la ejecución. Pero no hacer (analizar, planificar, actuar), es siempre el verdadero fracaso.

Lo único realmente inmutable es el cambio continuo. Cómo lo afrontes, depende de ti. Tú decides, es tu responsabilidad.

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