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Dejad de jugar con el deporte y la actividad física en tiempos de Covid

por Editorial

El coronavirus Sars-CoV-2, y la enfermedad que causa, conocida como Covid-19, está ocasionando graves daños, especialmente muertes. Y detrás de los números se esconden personas, ilusiones, amor, familia, amigos. Cada una es insustituible para muchas personas. Nunca hay que perder esta perspectiva. Y la lucha para minimizar al máximo los fallecidos y enfermos graves, ha de ser prioritaria. Al igual que con el resto de enfermedades.

Pero la gestión de la pandemia está provocando otros graves impactos en la sociedad y en las personas. Muchos de ellos, perfectamente evitables. Podemos tolerar los errores iniciales, fruto del desconocimiento y la urgencia de la acción. También podemos asumir las consecuencias negativas de algunas medidas necesarias.

Pero no podemos permitir que se mantengan algunas actitudes y normativas que no responden a argumentos científicos y sanitarios, sino más bien a una especie de marketing político para justificar la toma de medidas, y que lejos de conseguir los objetivos de mejora de la salud de los ciudadanos y la situación social, la empeoran a corto, medio y largo plazo.

La actividad física y el deporte es uno de los “juguetes” que machacan en la gestión política de la pandemia. Somos un sector cómodo para aplicar restricciones. No molestamos apenas, no tenemos voces o representación fuerte en los círculos de poder o negociación empresarial y política, ni siquiera hay una conciencia y comprensión clara como sector que acoge diferentes actividades e intereses, y no sumamos simpatías o generamos empatía fuera de nuestro ámbito. Somos “esos que van al gimnasio”, o corren, o salen en bici, o entrenan o juegan los diferentes deportes individuales o de equipo. Pero somos muchos más de lo que creen, o creemos.

Deporte y Covid

Sin embargo, las medidas que se toman tienen un efecto que va mucho más allá de los daños económicos en las empresas, clubes, federaciones, asociaciones y de todos los miles o millones de trabajadores de estas entidades: entrenadores, monitores, gestores, administrativos, deportistas, personal de atención al cliente, mantenimiento, limpieza, así como tantos negocios dentro de instalaciones deportivas como cafeterías, restaurantes, peluquerías, fisioterapia, nutrición, etc. Y otros tantos empleos indirectos y negocios que el sector ayuda a que existan o subsistan.

Las repercusiones más graves son las que estas medidas provocan en los ciudadanos, tanto los que ya entrenan como los que aún no lo hacen, ya que facilitar y promocionar la actividad física y el deporte a la población es, o debería ser, una obligación de todas las administraciones. 

La actividad física y el deporte debe ser reconocida y tratada como una necesidad, un derecho fundamental, y como tal, un servicio esencial.

Pero el problema, es que la mayoría de políticos, y aunque parezca increíble también muchísimos responsables del deporte, NO creen realmente que el deporte y la actividad física son una NECESIDAD de la población. Una herramienta esencial para la salud física, social y psicológica de la población. «La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades», reza el Preámbulo de la Constitución de la Organización Mundial de la Salud. Para mí, y para millones de personas, es difícil concebir salud sin actividad física y deporte.

Y afirmo que NO creen realmente esto, porque no actúan en consecuencia con ello. Hacen declaraciones, de vez en cuando, alabando los beneficios de la práctica deportiva, su importante aportación educativa y en la construcción de valores, pero no gestionan ni legislan para favorecerla.

Hace pocos días, el Congreso declaraba el deporte como Actividad de Interés General. Magnífico. Qué alegría. Pero el IVA que se aplica es el 21%, el más alto que pueden imponer en la actualidad. Para las fotos en este tipo de declaraciones, o junto a los deportistas de élite, cuando obtienen triunfos, siempre están. Pero luego, rara vez se traduce en medidas óptimas para el sector. Y cuando llegan, suelen estar dirigidas al deporte de élite, no al formativo, amateur o a la práctica de actividad física en las diferentes etapas de la vida de los ciudadanos.

Así que no debería sorprendernos, aunque sí dolernos, que la incoherencia entre lo que declaran y lo que hacen, se vea también en las medidas que adoptan durante la gestión de la pandemia.

Desde el principio, el sector al completo, pero muy especialmente el de las instalaciones deportivas, se puso al servicio de las Administraciones. Elaboramos e implementamos protocolos, mucho más ambiciosos que los que proponían desde ámbitos de Salud. Nos volcamos en ser una parte importante de la solución a la crisis sanitaria.

Pero el mantra de la gestión política comenzaba, y sigue haciéndolo, con “cerrar ocio nocturno, cerrar gimnasios, limitar aforos de cafeterías…” Que nadie busque con esto justificar su mensaje de odio hacia unos partidos políticos, y de total ceguera y sumisión a otros.

Esto lo hemos sufrido con partidos de diferente ideología, y en la mayoría de países del mundo. Lo que no justifica que esté bien, pero ante la falta de valentía, ante la falta de interés en escuchar a los científicos, lo fácil es seguir las ocurrencias que otros ya han implantado, y añadir alguna más, que no se diga.

Con el primer confinamiento, el sector inundó las redes con sugerencias para entrenar, sesiones en video o en directo para realizar en casa, de manera gratuita, por el compromiso con los usuarios y la salud. Y porque había que combatir varios problemas, aunque esto no siempre se hiciera por ello de manera consciente.

El primero, el grave daño que la inactividad podía provocar en el estado emocional y físico de las personas. El segundo, la fidelización de los usuarios con el entrenamiento, algo que salvo para una minoría apasionada, es muy fácil perder, como bien saben los entrenadores, y tanto ha estudiado la Psicología del Deporte. Y, por último, evitar los malos entrenamientos, bien por la autodirección del ejercicio físico, bien por seguir a personas sin una formación adecuada, que por buena voluntad o por protagonismo también participaron de esas propuestas de entrenamiento.

Y es que, si la automedicación no es aconsejable, el autoentrenamiento tampoco lo es la mayoría de las veces. Pero cualquiera se siente perfectamente preparado, no solo para entrenar sin las directrices de un entrenador, sino para entrenar a otros. Lo hacen famosos, incluso con espacios televisivos a su servicio, y otros muchos que consideran que, por haber leído unos artículos en internet o en alguna revista, o por haber entrenado algún tiempo, ya saben más que cualquier monitor de un centro deportivo.

Los datos del Ministerio de Sanidad muestran una incidencia mínima, el 0,28%, de la pandemia en el sector de la actividad deportiva. Un estudio europeo en 14 países, entre ellos España, ha detectado tan solo 478 positivos registrados de 62 millones de visitas de usuarios a instalaciones deportivas. Y en muchos de esos positivos, no había contagio en la instalación, sino que se trataba de trabajadores o usuarios que se habían contagiado en su entorno familiar. Similares datos arrojan los estudios que han realizado en EE.UU. Pero Cataluña ya ha cerrado gimnasios, y en breve lo harán en el resto de comunidades autónomas, como está haciendo Italia, Alemania…

Cada vez más estudios confirman los beneficios del entrenamiento para la salud de la población, y recientemente varios de ellos relacionan la gravedad de la enfermedad Covid-19 en muchos pacientes con la obesidad, la diabetes y otros problemas que el ejercicio físico mejoran. Pero todas las medidas que se toman dificultan el acceso al entrenamiento. Limitación de aforos mucho mayor que en restaurantes o comercios, a pesar de la ventaja de tener un registro de accesos en la mayoría de instalaciones. Uso de mascarilla durante el entrenamiento, aunque la OMS lo desaconseje, y como en el caso de Murcia por poner un ejemplo, prohibición de las clases para menores de 18 años.

O, también en Murcia, obligar a firmar una declaración responsable a todos los que asisten a instalaciones deportivas en la que se afirma conocer y asumir los riesgos de contagio de Covid-19 al acudir a estos centros, que se conoce toda la normativa, que no tiene ningún síntoma ni ha tenido contacto en 15 días con algún positivo, y que exime de responsabilidad por el posible contagio a Ayuntamientos, autoridades sanitarias y centros deportivos. Algo que solo se firma para una prueba o intervención médica, en ningún otro establecimiento se hace, o al menos yo no lo conozco. Sin duda, no es muy tranquilizadora esta, como tantas otras medidas.

Dejad de jugar con la actividad física y el deporte. Con cada nueva medida incoherente se van alejando del entrenamiento más personas, por miedo, desconfianza, incomodidad o desidia de la situación. Y recuperarlos no será fácil, como bien saben los profesionales de este sector. Y las graves consecuencias del abandono de la práctica deportiva lo pagarán las personas, la sanidad, la sociedad, todos. ¿Y quién asumirá la responsabilidad?

Los que estamos en el deporte, actividad física y artes marciales estamos acostumbrados a perseverar, a enfrentarnos a las adversidades, a ser creativos, a apoyar a otros, a luchar. Pero nos gusta desterrar el juego sucio, y lo combatimos con juego limpio. Dejad de jugar con la actividad física y el deporte, seguirá siendo una necesidad aunque no lo creáis, seguirá siendo vuestra obligación promocionarla y favorecer su práctica, como un servicio esencial, aunque no lo cumpláis. Seguirá siendo nuestra pasión, por mucho que la piséis.

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