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2+2=11: Verdad absoluta, aprendizaje, combate y artes marciales

por Editorial

2+2 = 11

Todos tendemos a hablar de lo que sentimos correcto, como lo correcto. Todos solemos extrapolar nuestra parcialidad y experiencias, y darles un sentido más trascendental al que sugiere nuestra individualidad. Pero, ¿Dónde construimos la verdad? 

Hay una frase que me gusta mucho y que lo describe a la perfección: “La única verdad absoluta, es que la verdad absoluta no existe.” Mi padre añadía a la cita lo siguiente: “Y por tanto, ni siquiera esta es una verdad absoluta”. Resultaba complejo para mi hace más de 20 años, cuando mi padre me la dijo por primera vez, y sigue resultando complejo ahora. 

“La única verdad absoluta, es que la verdad absoluta no existe.”

Para mí, esta frase nos sugiere que hay que distinguir entre una verdad parcial y una verdad absoluta, y entender que la verdad absoluta sólo puede ser entendida de forma parcial. 

Por poner algún ejemplo, si planteamos una ecuación sencilla, 2+2 = 4, la inmensa mayoría la valoraremos como correcta. Pero ¿esto quiere decir que es correcta?  ¿O quiere decir sin embargo, que sin cuestionarlo, nuestro Ego asume que se trata de un sistema de numeración normal (o de base 10, aquel con el que nos han educado), en un entorno de entendimiento matemático estipulado a la actualidad? Sin embargo, ¿qué sucede si cambiamos la base de numeración de base 10 a base 3? En ese supuesto, nuestra inalterable verdad absoluta resulta cambiante, pues 2 + 2 = 11.

Me gustaría concretar esta paradoja filosófico-matemática al aspecto marcial. ¿Existe una única forma eficiente de combatir?

Mi opinión es la misma, no existe una opción válida para todas las personas, porque resulta evidente que no todas las personas son iguales. Pero entonces ¿qué sucede si buscamos un camino de aprendizaje común? La respuesta es obvia, que nos estaremos equivocando.

Así pues, diría que no podemos quedarnos en la trasmisión de un sistema antiguo, sino que debemos re-enfocarnos en el concepto “por qué y bajo que enfoques nació dicho sistema”, entendiendo el concepto desde la paradójica libertad en la que cada individuo entienda el combate. 

Aprendizaje Artes Marciales

Esto, puede permitir y permite una adaptabilidad extraordinaria en el individuo. Y en este punto, creo que cuanto más extensiva sea nuestra idea, mejor podremos describir, con menos recursos y por tanto seremos más eficientes.

Creo que las artes marciales hablan de auto conocimiento, y por tanto si de verdad te atraen, conocer una, te llevará a querer conocerlas todas, y querer conocerlas todas te llevará a tratar de unificarlas en una única. Y esto sucederá para cada persona, para cada cuerpo, cada peso, cada reflejo cognitivo, cada forma de sentir la agresión y la protección, y así cada individuo generará su arte como su propia forma de expresión.

¿Y si hablásemos del combate?

No puedes aprender a combatir sólo leyendo libros, sólo escuchando maestros, sólo haciendo juegos de habilidad, del mismo modo que no se puede aprender a besar sin rozar unos labios predispuestos. No se puede aprender a combatir sin perder combatiendo. Por tanto, si buscáis un enfoque practico de las artes marciales, buscad el combate, y las flexiones hacedlas vosotros como rutina en vuestra casa.

Obviamente, distinto sería si lo que perseguimos es combatir emocionalmente nuestros temores y/o desarrollar la autoestima. Como dije al principio, no hay verdades absolutas y todo dependerá siempre de lo que busquemos…

Sin embargo, esto me lleva a la siguiente distinción de roles. Un alumno puede enfocarse en encontrar su autoestima, en trascender a su propio combate emocional. Un profesor, sea del arte marcial que sea, debe proponerse y exponerse al combate, y como dije antes, debe perder y levantarse, esto es fundamental. 

Obviamente, desde el cuidado y respeto propio. Nadie habla de matarnos unos a otros. Pero podemos luchar en el suelo, y perder mil veces y volver a por más, podemos luchar en combates armados, y perder mil veces y volver a por más, podemos recibir mil golpes fugaces y caernos, y volver a por más con la misma sonrisa. Debemos hacerlo, porque debemos deshacernos de ese fastidioso Ego, y nada elimina mejor el Ego que una buena derrota.

entrenamiento

Yo no creo en la concepción moral del Bien ni en la concepción moral del mal, es decir, no creo en un Bien absoluto, ni tampoco en un mal absoluto. Para mí solo son límites impuestos por la sociedad, para mantener un control sobre los individuos. Cada circunstancia merece ser medida por lo que cada circunstancia es.

Todos, desde nuestra percepción de la realidad prejuzgamos lo falso y lo verdadero, lo bueno y lo malo. Nos han educado así desde tantos enfoques, que todos tendemos a hacerlo de una forma instintiva… Esto viene muy bien para la competitividad, viene genial cuando queremos señalar a otro y decir yo soy mejor, porque soy diferente, y lo que digo lo creo y además te lo argumento. Suele ser fácil convencer de algo a alguien confundido, sobre todo si el que expone su verdad la cree y la defiende con pasión, pero nos aleja de ese supuesto respeto con el que a todos se nos llena la boca. Creo que hay que aprender a transmitir sin convencer, permitiéndonos aprender por nosotros mismos.

Creo que, como sociedad, los individuos debemos hacer sólo aquello que nos llene, aquello que nos apasione, que nos dé un sentido y un camino. Debemos perder tratando de descubrir qué es aquello que nos llena y nos completa, debemos perder tratando de conseguirlo, pero nunca debemos desistir. Pero por favor, hagamos de esa lucha personal, una lucha honesta.

Creo que cada persona es capaz de generar ese espacio propio, donde puede expresar su verdad y es, precisamente allí, donde quizás residan los minúsculos fragmentos de un puzle que espero, nunca podamos terminar.

¿Qué es la verdad?

Sobre el autor:

Le pedimos a Jorge Lázaro de Miguel que él mismo se presentase, y esto nos escribió:

Soy Jorge, tengo 30 años. Soy Ingeniero, y soy hijo de madre pedagoga y maestra, y padre ingeniero. Empecé practicando Wing Chun, en la universidad, pero me resultaba caro y lo acabé dejando. Sin embargo, me llamo la atención. Al acabar la uni lo retomé, con otro maestro. El Wing Chun me llevó al Kali filipino de Inosanto, el Kali al JKD, el JKD al mkg, el mkg al BJJ la concepción del combate del BJJ, me llevo a la eskrima de combate, hoy día soy practicante de Wing Chun, Kali, JKD, eskrima de combate y BJJ, con Sifu Casimiro, Sergio López, Lázaro Talaya y Denio Dama respectivamente. 

Toda mi vida he buscado en las artes marciales algo que el sistema educativo normal y ordinario no ofrecía, autoconocimiento, respeto y protección. En estos tiempos, a muchos maestros y profesores se les llena la boca hablando del respeto mientras utilizan cualquier oportunidad para faltarlo. Reflexionando sobre ello, surgió este escrito.

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