Home Gestión Deportiva Ya volveré en septiembre…si acaso. Crónica de una muerte de gimnasio anunciada.

Ya volveré en septiembre…si acaso. Crónica de una muerte de gimnasio anunciada.

por Editorial

La procastinación, o dejar las cosas para otro momento, es uno de los mayores enemigos del ámbito de la actividad física y hábitos saludables. “Ya empezaré el gimnasio (o la dieta, o a correr, dejar de fumar, etc.) la semana que viene, a principio de mes, después de las fiestas, después del verano, para año nuevo o después de Reyes, y ya para lo que queda, en febrero, después de Semana Santa…”

Creo que todos hemos oído, y seguramente dicho, esto más de una vez. Pasa con todas las tareas que no nos emocionan, por lo que el componente motivacional es menor. Y, asumámoslo, los gimnasios no viven sólo de los apasionados por el entrenamiento.

No voy a hablar hoy sobre la procastinación y cómo abordarla, aunque daría para varios artículos. Voy, simplemente, a exponer algunas reflexiones sobre la situación actual, y  lo que puede ocurrir por una procastinación post Covid19 en el ámbito del fitness, artes marciales y deportes.

Las medidas ante la pandemia del coronavirus por parte de las autoridades sanitarias y gubernamentales, obligaron al cierre de las instalaciones deportivas, y el cese de toda la actividad. Con el paso de las semanas, más de las que imaginábamos, comenzaron a describirse las condiciones para la vuelta progresiva, lo que implicaba inversiones para los propietarios de estas instalaciones: mejora de sistemas de ventilación, limpieza y desinfección especial, mamparas protectoras, señalética, termómetros o cámaras termográficas, dispensadores de gel hidroalcohólico, etc. 

Inversiones necesarias para la reapertura, después de meses sin ingresos, y soportando parte de los gastos mensuales habituales. Un estudio de una consultora del sector del fitness indicaba que ya han cerrado definitivamente unos 400 gimnasios en España, y que se estimaba que en junio podrían cerrar otros 1.600, afectando así al 25% de instalaciones censadas. Así, en porcentaje, algunos no lo verán muy alto, pero supondría el cierre de UNO DE CADA CUATRO gimnasios.

Pero, además de esta falta de ingresos, y de las inversiones necesarias para la apertura con limitaciones importantes, la vuelta traerá incrementos en los costes habituales para las empresas del sector: sistemas de protección para trabajadores (mascarillas, micrófonos individuales…) y para usuarios (geles hidroalcohólicos, mayor consumo de jabón, papel, etc.), incremento de horas de limpieza y de productos para desinfección, entre otros.

A esto, en muchos casos, se sumará un primer mes sin ingresos, una gran reducción de los mismos, o incluso ingresos negativos en algún caso, debido a las compensaciones o devoluciones a clientes, por los días abonados y no disfrutados por el cierre. No creo que esté descubriendo nada nuevo para cualquiera que se dedique a la gestión. Quizá sí a algún usuario que no haya valorado estas cuestiones, ya que no le afectan directamente, salvo que el gimnasio al que va, o al que quiera ir en el futuro, sea uno de los que no sobrevivan a esta crisis.

Aun así, este es un sector con un gran dinamismo, con profesionales entusiastas y preparados, donde los resultados del servicio prestado priman sobre los económicos, y en el que la innovación y adaptación son banderas habituales. Venimos de superar una crisis económica importante, y en la que el mazazo de la subida del IVA al 21%, en septiembre de 2012, parecía una estocada definitiva, por la reducción de ingresos vía impuestos, junto al retraimiento al consumo generalizado que se vivió en meses posteriores. Sin embargo, las cifras de los últimos años eran realmente alentadoras, consolidando crecimientos trimestre tras trimestre. Hasta que llegó la pandemia.

La gestión obliga a anticipar escenarios futuros, para decidir las estrategias adecuadas para afrontarlos, y planificar las medidas y acciones necesarias. De lo contrario, las posibilidades de mantener los resultados, y por supuesto, de crecer, disminuyen mucho, e incluso, el riesgo de desaparecer por no adaptarse a los cambios del mercado es muy elevado.

Por ello, los gestores deben estar atentos a cualquier información del entorno: normativas, tendencias del sector, novedades, competencia, etc. Pero sobre todo, a los comentarios de los usuarios. De los que tienes, o de los que te gustaría tener, lo que en marketing denominan “target”.

Y es en esta tarea de escucha analítica, en la que en las últimas semanas distingo tres actitudes entre los usuarios del centro en el que trabajo. E imagino, que serán comunes a otros centros.

Un primer grupo estaría formado por los que están deseando volver. Sólo les importa el “cuándo”, el “cómo” lo asumen como parte de la famosa nueva normalidad. Poco que hacer aquí, salvo agradecer su confianza en las instalaciones y el personal, y premiar su fidelidad con la mejor versión de tu servicio. Y esperar que sea una actitud mayoritaria entre tus usuarios.

Un segundo grupo no piensa volver, de momento, independientemente de las medidas higiénico sanitarias que implantes. Sencillamente, el miedo al contagio es mayor que el deseo de entrenamiento. Los más moderados confían reincorporarse en septiembre, total el verano está a la vuelta, y esa actitud de dejar las cosas para fechas significativas (comienzo de curso, año nuevo, mi cumpleaños, mes siguiente…) esconde un hábito procastinador evidente. Algunos, incluso, llegan a decir que no volverán hasta que haya vacuna disponible. Será muy complicado cambiar esta mentalidad. El avance de la situación general de la pandemia, y el papel de los medios de comunicación y los mensajes de las autoridades sanitarias y gubernamentales, podrán ir modificando esta actitud, al igual que la vuelta a las rutinas previas al confinamiento.

El tercer grupo es en el que aparece claramente la procastinación típica de la actividad física, hábitos saludables y entrenamiento, en su versión post pandemia. No hay miedo al contagio, o al menos no es la clave de su decisión de no volver hasta septiembre. Buscan cualquier tipo de argumento (excusa) para apoyar su decisión, y no reconocer así la realidad de su actitud. “Es que con tantas restricciones de aforo igual no habrá sitio…”, “seguro que vienen todos los ansiosos por entrenar y no respetan, y ocupan todas las plazas…”, “llevar mascarilla al entrar es un engorro…”, “ya queda poco de este mes, yo en verano me voy a la playa…”, “con el calor no mola entrenar…”, “la operación bikini de esta año ya está perdida, me pondré a tope a partir de septiembre…”

A este grupo, y a parte de los moderados del segundo, se les puede transmitir mensajes de tranquilidad, de que las medidas adoptadas son efectivas, y de que no habrá problema de asistencia a las actividades. E incluso, proponer medidas de aumento de actividades cuando se completen los aforos. Pero, seguramente no sea suficiente para gran parte de ellos, ya que el procastinador muestra una excusa, que al rebatirla, la sustituye por otra. Y no todos van a mostrar todas sus excusas para que puedas rebatirlas. El fondo del problema es la actitud, no los argumentos a favor o en contra de su decisión.

Por ello, cuando detecto actitudes procastinadoras en personas con las que trato, a continuación de decirme cuándo piensan hacer o empezar algo, les suelo preguntar: ¿y por qué no ahora?, ¿qué puedes hacer hoy que te aproxime dónde quieres estar o hacer lo que quieres hacer?, ¿qué o quién te lo impide realmente?

Aunque en el caso que estamos abordando, ante la afirmación de “Ya volveré en septiembre, si acaso”, me apetecería contestar: “O no. O quizá ya para enero, ¿no? O igual, el gimnasio ya no está abierto, si muchos piensan como tú. Tras varios meses sin ingresos, y soportando gastos, con inversiones en mejoras y adaptación de las medidas higiénico sanitarias, el incremento de costes por medidas de protección y desinfección, y la bajada de usuarios, quizá no habrá un septiembre. Igual abre otro. O no.”

Y digo me apetecería, ya que esa confrontación no le corresponde hacerla al personal de una instalación. ¿O sí? Quizá, al igual que se lanzan campañas para comprar en tu comercio de barrio, se podría trasladar a nuestro sector. Pero con un mensaje que no sea salva tu gimnasio, sino más bien, vuelve a entrenar en tu gimnasio hoy mismo, no le dejes para más adelante. Lo agradecerá tu salud, tu bienestar, tu ánimo, y tantos beneficios que la ciencia ha demostrado, y seguramente has experimentado. Y además, contribuirás a que otros puedan beneficiarse de estas instalaciones y actividades, facilitando su continuidad, y la de sus profesionales.

Desconozco si eres gestor, trabajador o usuario del sector fitness, artes marciales y deporte. En cualquier caso, espero que este artículo te haya permitido reflexionar, desde el ámbito de acción que tienes en esta situación. Si es así, habrá merecido la pena escribir este artículo. ¿Y qué vas a hacer? Muchas gracias.

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